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Helados con denominación de origen

Siempre habrá alguien a quien los ojos le hagan chiribitas ante las rarezas más extrañas del mundo. Sí, hay que ser exagerados con las comparaciones porque la imaginación ha llegado al mundo de los helados. Aunque tú sigas fascinado ante la simpleza de un helado de chocolate, nata o turrón hay ahí fuera un montón de opciones posibles para estos sorbetes que inventaron los chinos mucho antes de Jesucristo y que entonces se fabricaban con ingredientes tan sencillos como nieve,  miel y frutas…

De esos años a éstos ha llovido tanto que ya hoy no nos sorprendemos ante modelos ‘helados’ inmortalizados gracias al 3D y sabor a coco ni ante las múltiples alquimias que consiguen que un helado sepa a ceniza (sin que lo sea), a boquerones y callos a la madrileña (esperamos que sin que lo sean) o a cerveza, mojito o vino.

Hemos de confesaros que fans como somos del vino en el Carmela (sólo has de echar un vistazo a nuestra variada carta en este sentido) esta última propuesta es la que más nos enamora. ¡Helados de vino!, con o sin denominación de origen… y que ¡saben a vino!

Nos hemos puesto a curiosear para descifrar lo que se cuece tras esta propuesta tan rara y poder contestar a preguntas que puede que os estéis haciendo también vosotros: ¿estos helados emborrachan? ¿puede un helado de vino ser dulce? ¿cuál es el mejor vino para hacer helado?… y, sobre todo, ¿a quién se le ocurrió tremendo experimento?

Secretos de los helados de vino

Aunque parezcan de lo más chic, los helados de vino no son ningún invento nuevo. De hecho, una heladería argentina lleva veinte años fabricándolos gracias al ingenio de Ricardo Miranda y al tesón por que a su mujer le fuera bien con su nuevo negocio. Pues bien, los helados de este artista salen de las maravillosas uvas Cabernet (de los valles Calchaquíes argentinos) y Torrontés (variedad española de vid blanca) y, aunque hoy esta ‘moda’ ya se haya extendido a lo largo del mundo, Miranda tiene registrado sus helados de vino desde el año 1996.

Hace ahora seis años a una empresa malagueña se le ocurrió hacer su propio helado con Denominación de Origen. Málaga Ice Cream, que así se llama la creación, lleva vino de las Bodegas Gomara, leche y azúcar.  Pero no son los únicos.

Justo en el centro de Logroño (ya era raro que allí no lo hicieran), la heladería Della Sera, comandada por el heladero Fernando Sáenz, proporciona sabores tanto dulces como salados gracias a helados con hierbas o helados con ajos blancos (¡!). Entre las de mayor fama, claro está, están los helados de uva de racima (con uvas sobrantes de las cepas de otoño) que son una auténtica “golosina” o de choco-barrica, “infusionando en agua fría las duelas o palitos de las barricas durante seis meses”. El helado que resulta se cubre con chocolate logrando un intenso sabor a chocolate con brandy con notas de madera. Una auténtica delicia.

Winecream, un helado para mayores de edad

Los americanos también se han apuntado a los helados de vino y, en concreto, una empresa de Maryland ha creado el Winecream, hecho a base de vino, crema azucarada y nitrógeno líquido… Éste es uno de los ejemplos de que no, no es una bebida para niños y hay que tener la mayoría de edad para poder degustar uno de esos manjares gracias a sus grados de alcohol.

Los de sabor oporto, zinfandel (variedad de uva tinta de California) y Chardonnay de la empresa neoyorquina Mercer’s tampoco se quedan atrás con una graduación del 5%.

Pero también se comercializan helados de vino sin alcohol. En España algunos de los más conocidos son los de Pedro Larumbe (de Pedro Ximenez), los de Paco & Lola (de Albariño).

Granada, pionera en helados (también de vino)

Lo cierto es que cuenta la leyenda que ya Nerón disfrutaba de los helados de vino gracias a la nieve de las montañas. Y que no fue Marco Polo sino los árabes quienes trajeron el helado a Europa.

Granada tiene mucho que contar en esta historia. En la Alacena de las Ideas leemos que, según los documentos musulmanes, “los sorbetes habían de prepararse con la nieve de Sulayr”…y que eran ideales para “combatir el rigor de los veranos granadinos”. De hecho, era común una bebida a base de vino, miel, canela y trozos de hielo.

Ahí es nada… ¿Experimentamos con los vinos de nuestra carta?



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